StellaDíazVarin. La colorina

N A R C I S O

Estoy ausente de la risa
y de todo lo que 1os hombres felices poseen.
A medida que la sangre huye como corzo,
a través de todos 1os paisajes
sin motivo aparente,
como creyendo que las imágenes más remotas
nos silencian el pensamiento;
erguida aún , a pesar de 1os soles
tan opacos en su raiz.
Me aproximo a tu figura alada,
a tus pequeños vértigos;
y te enseño a mirar
como sólo pueden hacerlo 1os peces,
en órbitas que tus manos desconocian.
Emerjo -pequeño dios desde
el vientre más recóndito
para unirte con la distancia, tan precisa.
Tenemos una mirada en común,
y una puerta abierta
para endilgar conversaciones,
apoyados en el dintel y recogidos
como suelen recogerse los abandonados,
dando el pecho a una música antigua
más afin que la vida y la muerte.
Y te rebelas sabido Angel en espera de la caída.
Es el comportamiento
que la verdad prefiere.
Y es asi, como vienes y vas
y te envuelves en la luz de viejos astros
para que pueda mirar tu esqueleto,
a sabiendas que no hay nada más hermoso
que el devenir de mar en huesos.
Uno al fin se acostumbra
a que nadie Ie diga adiós.
Y a percibir el sonido
en la palma de la mano
como 1os hipocampos
presienten el amor
acariciando sus espinas-vertebrales.
Embelleciendo en una gota de agua
mirada a través de la sed,
vienes a conocer mis primeras jornadas.
Las vertientes que indujeron a Dios
a unir nieve, corazón de Arbol,
hiel, resina obscura,
vacilación, campana, eternidad,
y !la noche por ojos.

Solo quiero que te acuerdes de mí dentro de unos años y empieces a vaciar tus recuerdos, para que recuerdes que fui parte de ti y de todo lo que llegamos a ser.
Quiero que te acuerdes y sonrías sin darte cuenta, y que lo primero que quieras, sea volver a verme.
Quiero que te acuerdes de mi, cuando te choques con alguien por la calle y sin querer, esperes que sea yo y te decepciones al darte cuenta que no, que no estoy ahí para chocarme contigo, que pares el trafico, que me busques entre la multitud, que vuelvas al mismo sitio.
Quiero que te acuerdes de mí por las mañanas y por las noches, en invierno y en primavera, ya que el verano y el otoño, son más fáciles de superar.
Pero sobre todo, que nunca dejes de buscarme, sea el día que sea.